
Entre el vacío y la multitud,
espero al tren venir.
Las vías filtran tus lágrimas
para que nadie las vea.
No sé a dónde voy,
los árboles me persiguen.
Siempre voy tarde
a donde nadie me espera.
La esencia de mi risa
transmuta en tristeza
llamaradas sin rostro
desde la cúspide de la torre.
Nadie sabe por qué corres,
nadie sabe por qué silbas,
si huyes de la ciudad
o si es tu primer día.
Los aviones te miran un segundo,
los pájaros no ven un igual:
solo ven a un impostor.
Nadie sabe si vienes o si vas,
todos somos extranjeros
en esta gran ciudad.
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